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Apego; crecimiento y seguridad desde el vínculo

El vínculo de apego es la conexión emocional que se establece entre una persona y otra, que se caracteriza por la búsqueda de proximidad y seguridad en momentos de estrés o ansiedad. 

Este vínculo se desarrolla en los primeros años de vida, cuando los cuidadores principales son los responsables de satisfacer las necesidades básicas del niño, como la alimentación, el cuidado físico, la seguridad, la protección y la regulación emocional. Deriva en los estilos relacionales característicos que cada uno desarrollaremos a lo largo de nuestra vida.

Los dos ejes a los que estar atento son; 

La regulación emocional, que hace referencia a esa atención, validación y escucha emocional que el niño necesita para comprender sus emociones, ponerles nombre y respirarlas, es decir, aprender a sostener sus emociones y a autorregularse cuando lo necesita. 

Y el permiso para explorar y aprehender el mundo por sí mismo. Cuando el niño se siente regulado emocionalmente también se siente seguro y confiado para salir a explorar el mundo. Y eso es bueno. Ahí al cuidador le toca respirar hondo y transmitir seguridad, en lugar de miedo. Confianza en lugar de desconfianza. Si el cuidador adopta la actitud de amenaza en el entorno, el niño no se atreverá o saldra a explorar con miedo y acabará por volver habiendo encontrado amenazas o simplemente buscando el calorcito del hogar. Si el cuidador toma actitud confiada el niño saldrá confiado y encontrará lo que busca. Y si no lo encuentra no pasará nada, porque al volver encontrará un cuidador que le enseñará a regular el posible susto que se haya encontrado. 

No se trata de evitarle al niño sus emociones sino de enseñarle a sostenerlas. Dependiendo de cómo se enseñe, el mundo emocional podrá convertirse en algo útil, funcional y placentero o en sufrimiento, lucha y algo que se quiere eliminar.

No se trata de evitarle al niño situaciones difíciles, sino de enseñarle a vivirlas. Dependiendo de cómo se enseñe, estas situaciones se convertirán en perjudiciales y aterradoras o en oportunidades de crecimiento y aprendizaje. 

Si nuestros cuidadores nos enseñan bien, podremos ir aprendiendo bien a atrevernos, salir, explorar, caernos, desregularnos, regularnos y volver a levantarnos. Y esto se retroalimenta ya que sentirse regulado también es sentirse seguro para volver a salir al mundo.

Si no nos enseñan bien pondremos en marcha mecanismos de defensa que nos protejan del sufrimiento, quizás nos aislaremos, quizás nos aferraremos a algo o a alguien, quizás demandaremos a otros que nos colmen el malestar, quizás nos exigiremos comportamientos de autocontrol… Hay tantas formas como personas. 

Si tu estilo relacional es ansioso-preocupado, quizás te faltó confianza para salir a explorar.

Si tu estilo relacional es evitativo (de las emociones), quizás te faltó sostén para aprender a respirarlas. 

Si tu estilo relacional es desorganizado, ambivalente, quizás te faltaron las dos. 

Si quieres recibir ayuda personalizada, estaremos encantadas de atenderte. Ponte en contacto con nosotras y trabajaremos en estos aspectos.

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