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Creamos nuestra propia realidad

A menudo el mundo nos decepciona, nos parece poco generoso o nos roba las ilusiones. 

¿Nos hemos parado a pensar que posiblemente no veamos las cosas como ellas son, sino que las vemos como nosotros somos?. 

Todos sabemos que estamos condicionados por nuestra biografía y por nuestras experiencias. No hay problema. La buena noticia es que siendo conscientes de ello, podemos trabajar en ampliar nuestra mirada y así también nuestra experiencia;  

Había una vez un grupo de hombres ciegos que vivían en un pequeño pueblo. Nunca habían tenido la oportunidad de ver un elefante y solo conocían de él a través de las historias que les contaban. Un día, un elefante llegó al pueblo y los habitantes decidieron llevar a los hombres ciegos a conocerlo para que pudieran experimentar al menos un poco de su grandeza.

Los hombres ciegos se acercaron al elefante y cada uno de ellos tocó una parte diferente de su cuerpo. El primero tocó la trompa y exclamó: «¡Un elefante es como una serpiente larga y retorcida!». El segundo hombre tocó la oreja y dijo: «No, no, un elefante es grande y plano, como una hoja gigante». El tercer hombre, que tocó una pata, afirmó: «Están equivocados, un elefante es como un árbol robusto y fuerte». El cuarto hombre, al tocar el costado del elefante, declaró: «¡No, no! Un elefante es como una pared sólida y ancha». El último hombre agarró la cola y dijo: «¡Están todos equivocados! Un elefante es delgado y flexible, como una cuerda larga».

Cada hombre estaba seguro de que su percepción era la correcta y comenzaron a discutir entre ellos, sin llegar a un acuerdo. Los demás habitantes del pueblo, que podían ver y entender la situación, trataron de explicarles que todos tenían razón, pero solo estaban experimentando una parte del elefante. Intentaron mostrarles cómo las diferentes partes del elefante se unían para formar el todo, pero los hombres ciegos estaban tan aferrados a sus propias creencias que no podían aceptar la idea de que estaban incompletos.

Finalmente, un sabio sufí que pasaba por allí se acercó a los hombres ciegos y les dijo: «Queridos amigos, todos tienen razón en su propia percepción, pero ninguno de ustedes tiene la imagen completa del elefante. Solo cuando combinen sus experiencias y se abran a la perspectiva de los demás, podrán tener una comprensión más completa y precisa».

Los hombres ciegos reflexionaron sobre las palabras del sabio sufí y comenzaron a escucharse mutuamente. A medida que compartían sus experiencias y puntos de vista, comenzaron a comprender que cada uno tenía una parte de la verdad, pero que solo juntos podían tener una visión más completa y verdadera del elefante.

A partir de ese momento, los hombres ciegos aprendieron a apreciar la diversidad de opiniones y a reconocer que, a menudo, nuestras percepciones están limitadas por nuestras propias experiencias. Aprendieron que solo al combinar nuestras perspectivas y abrirnos a las ideas de los demás podemos llegar a una comprensión más completa y profunda de la realidad.

Este cuento sufí del elefante nos enseña la importancia de la apertura de nuestra propia conciencia. Cada persona ve el mundo a través de su propia mirada. No le pidamos al mundo que cambie su forma de mostrarse. Miremoslo nosotros de manera amplia para alcanzar una comprensión más verdadera de la vida.

Sugerencia

* Conecta con el observador/a que llevas dentro de ti. Observa cómo te está mirando. Mirando tu carácter, tu comportamiento, etc.

Es tu testigo.  

* Una vez que hayas identificado este testigo interior, trata de ampliar tu mirada. Escucha a los «otros ciegos» con sus opiniones y criterios. 

* Esto no significa que la parte de realidad que tú ves sea mentira. Significa que posiblemente todas tienen una parte de verdad. Amplía tu mirada. Amplía tu conciencia.

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