fbpx

El proceso del duelo

La muerte de un ser querido nos puede hundir en un estado de dolor y confusión. Sentimos que nos ahogamos y que cualquier cosa nos sobrepasa. Nadie nos puede entender ni ayudar.

Los primeros días, los primeros meses tras la pérdida, el entorno está muy pendiente. Llama, pregunta, acompaña, hace favores, está atento… En esos primeros meses la persona en duelo todavía no se ha hecho tan consciente de lo que conlleva su pérdida como lo hará más adelante. Ha podido tener momentos de conciencia, ataques de llanto, pero todavía no ha caído en la dureza real del vacío al que va a tener que enfrentarse. Todavía se siente medianamente protegida por su entorno, que le atiende con mucha cercanía…, amortiguando el dolor.

Cuando han pasado unos meses, los conocidos, incluso los más cercanos, a veces no saben cómo tratar el tema. La muerte es tabú. No saben si preguntar o no, no quieren molestar, no saben qué respuesta se van encontrar, tampoco saben si sabrán manejar la respuesta… Y la persona en duelo lo nota. Empieza a darse cuenta de que tiene que atravesar sola todo este dolor.

Cuando el doliente siente con todo su peso la pérdida, la ausencia, es también cuando el entorno se empieza a retirar del escenario. La rutina y la cotidianeidad se hacen presentes con toda su aridez. Hasta entonces la sensación podía estar algo amortiguada, como si se hubiera ido de viaje, pero iba a volver… Ahora ya no. No vuelve. Ahora toca atravesar el desierto.

Para el doliente su ser querido todavía está muy presente, pero para el entorno es todo lo contrario. «Cariño, ya han pasado seis meses… ¿no deberías empezar a rehacer tu vida? Te lo digo porque creo que es mejor para ti».

El doliente empieza a sentirse cada vez peor. Lo último que quiere es rehacer su vida, porque eso supone olvidar. No quiere olvidar, echa de menos y se siente incomprendido

El duelo lleva su proceso. Cuesta llevarlo y cuesta expresarlo. Cuesta naturalizarlo, cuando en realidad es un proceso natural, legitimo, necesario. Si encima la persona en duelo nota que su entorno se tensa ante su presencia, que no saben cómo preguntar, que le cambian de tema si le ven los ojos llorosos, que buscan que se olvide del fallecido…, más se cohibirá y aislará. Más en soledad se sentirá.

Y cuando callamos, lo que poco a poco podemos llegar a conseguir, es bloquear el duelo, complicarlo o encapsularlo. Ante la incomprensión que recibe, se aisla. También es natural. Va guardando. Guardando tristeza, guardando soledad, guardando rabia y frustración, guardando culpa… en la soledad la rumiación no es extraña; «tenía que haberle dicho…», «si me hubiera podido despedir…», «si hubiera llegado a tiempo…», «si esa tarde no hubiese ido a…». Entran un montón de pensamientos en escena que solo hacen daño. Y la persona cree que lo que le toca es aguantar con ello. Se le va haciendo bola y cada vez es más difícil salir de ahí.

A partir del año llegan los aniversarios. Vienen los picos de dolor más agudos. Su primer cumple, mi primer cumple, la primera vez que…, el primer verano, la primera navidad «Que uvas ni que uvas, ¡si no puedo ni leer un libro desde que no está!» Y la gente no puede o no quiere comprender. Le obligan a tomarse unas uvas que caen en el estómago como bombas. ¿Qué otra cosa podemos hacer? ¿Respetar su dolor? No, eso nunca, no vaya a ser que nos invada la tristeza en fin de año. En nuestra cultura es obligatorio ser feliz y sentir tristeza en fin de año está prohibido. Por eso tanta gente odia la navidad.

Su entorno, a estas alturas, no puede ni imaginar el infierno que vive el doliente. Es totalmente ajeno a la ayuda que podría prestar. Ayuda que solamente consistiría en, palabra mágica, escuchar. Escuchar sin pretender solucionar, no hay solución. Escuchar sin juzgar, no hay juicio que hacer. Escuchar ayuda a liberar el dolor, la tristeza, la rabia, la culpa…. lo que sea que le está sucediendo a la persona. Tan fácil y tan difícil a la vez.

Para hacer el duelo es importante darle salida al dolor. Darle espacio, tiempo y comprensión. Esto es lo que ofrece un grupo de ayuda de duelo. Esto y la oportunidad de escuchar a otros que viven lo mismo. La oportunidad de sentirse acogido al tiempo que se abren nuevas perspectivas ante situaciones de igual calibre en su dureza. Formas de encajar y de procesar diferentes, que te pueden dar oxigeno.

Hay quien describe el proceso de duelo como atravesar un desierto donde hay días malos y días peores. Pero cada uno de esos días es un día importante. Importante para llegar a darse cuenta de que no se trata de olvidar, sino de aprender a recordar. A recordar con una sonrisa a la persona que se fue. Con agradecimiento por haber disfrutado de su amor.

Si te interesa participar en un grupo de ayuda en duelo o hacer un proceso individual, estaremos encantadas de atenderte. Entra aquí para obtener la información y saber como apuntarte.

Comparte si te ha gustado

2 comentarios en “El proceso del duelo”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Idioma »
Scroll al inicio
×

 

Hola

Somos especialistas en psicoterapia con adultos, adolescentes, parejas y grupos.

× ¿Cómo podemos ayudarte?