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Las emociones no matan

Pasamos la vida como un péndulo, oscilando entre pasado y futuro. A veces disfrutamos recordando escenas disfrutadas y otras veces disfrutamos las que preparamos. El aspecto desagradable de subirnos a ese columpio entre pasado y futuro es que a veces, en el PASADO solo encontramos tristezas o melancolías. Y en el FUTURO preocupaciones y obstáculos.

La PERSONA ansiosa es la que se preocupa exageradamente. Da vueltas a la cabeza, ANTICIPANDO todos los escenarios posibles para estar preparada, «por si acaso». Busca sentir algo de control. Y la ANSIEDAD es una respuesta FÍSICA (presión en el pecho) a una emoción (miedo) que CREO que no puedo SOSTENER (me voy a morir).

La buena noticia es que que puedo sostenerla, porque las emociones NO matan.

Puedo sostener el miedo, es decir, puedo seguir respirando, vivir mi miedo. Sin más. Tengo miedo. Punto. Quédate ahí. No subas ese miedo a la cabeza. No te pierdas en mil pensamientos. Vuelve a tu cuerpo, respira. Toma conciencia de que aquí y ahora no existe la amenaza. Llegará, sí, en ese momento lo afrontaré, pero no ha llegado.

Haz la prueba. Si respiras tu miedo, la presión en el pecho se te irá y la creencia de «no puedo con esto» se desvanecerá.

El esfuerzo es poner la atención en tu cuerpo, volver a tus células, a tu realidad. A tu presente, a tu aquí y ahora. ¿Cómo?, Respirando y poniendo toda mi atención en la respiración. Lo demás es pan comido. Porque, al aterrizar en tu respiración, aterrizas en tu presente, en la REALIDAD y ahí esa situación a la que tienes miedo no está. Es posible que vaya a llegar, pero lo real es que no ha llegado (enfrentarme a mi jefe, discutir con mi madre, un despido…).

Hay un dicho que dice: «cuando lleguemos a ese río pensaremos en ese puente«. Y otro; «en el camino arreglaremos las cargas«. Tan real como la vida misma. En el momento en el que llegue la situación temida podré ver y tocar la realidad y en esa realidad encontraré recursos con los que afrontarla (una roca que desconocía, un madero que me sirvió de flotador, un lastre que puedo soltar).

Lo que necesito por ahora es confiar y poner en valor que tengo brazos, piernas, cabeza y cuerpo para afrontar. Confiar. Solamente necesito estar en esa realidad para poner mi cuerpo a funcionar.

Con la mente podemos viajar a pasado y a futuro, con el cuerpo no. Con la mente me puedo ir a Marte o a dentro de 3 horas, con el cuerpo no. El cuerpo me ancla a presente y a tierra. Por eso la  respiración es el antídoto; te pone en contacto con el cuerpo y lleva la mente a presente.

En el momento en que detectes que te has ido de viaje en la cabeza y eso te genera todavía más ansiedad…;
1.- Toma conciencia de lo que te está pasando. Es decir, posiblemente algo que no tiene por qué ser realmente amenazante, te está disparando la respuesta física de la ansiedad.
2.- Respira hondo, hasta el ombligo. Al menos 3 veces. Despacio. Trata de imaginar que llevas ese aire hasta los pies y ya que estás allí hazte consciente de los calcetines y/o zapatos que llevas. Mueve los deditos y toca la suela de tus zapatos. Sientelos.
3.- Mira a tu alrededor, toma conciencia de dónde estás. Mira tu suelo, tus paredes, tu entorno. Aquí y ahora no hay amenaza real.
Verás el efecto. Mejor que cualquier pastilla.

Reconectar con tu presente te devolverá tu fuerza.


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3 comentarios en “Las emociones no matan”

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